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Ian Saddler, 1987

Ian no nació con un cello bajo el brazo, pero sí con un zumbido en el oído que trazó la primera línea del pentagrama que ha marcado la melodía de su vida. Primero unas teclas de un piano bajo los dedos, luego los trastes de una guitarra, y finalmente la infinitud de notas del diapasón de un violoncello.

Siendo imposible ceñirse a un solo instrumento, adopta todos los huérfanos que encuentra, para entenderlos, darles el cariño que precisan y tocarlos, haciendo de él un pluriinstrumentista.

Curiosamente fue encontrado por aguaKate tocando en un templo egipcio, y desde aquel momento ha abrazado a “A Punto de Plumas” como un niño con la boca a su pulgar.

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